MARIANA
HERNÁNDEZ 
(Ermistad)

AVECITA

El humo se deja llevar una vez más por el viento y yo me encuentro aquí, avecita, tratando de contar una vez más cómo me quiero quedar en esa nube, en pleno aleteo.

 

Me hubiera gustado que me acompañes, avecita, para que veas la grandiosa imagen de los sombreros en punta de los magos. Es realmente hermosa y me hace olvidar por un momento que solo tengo hasta el invierno para llegar a esa nube. Pero para mi a veces esos sombreros son carpas, otras solo guardan un secreto, un juego que pronto quiero develar, pero como ya sabes, me distraigo rápido y al siguiente aleteo ya estoy pensando en buscar ramitas. En realidad, lo que más me impresionó en ese momento fue cómo les brillaban los ojos al ver esa nube, esa nube en donde quería estar yo. Esas miradas como de estrellas las tengo aquí, prendidas.

 

Y es justamente con esa nube que recuerdo mis aleteos constantes, recuerdo mi casita, mis primeras plumas. Recuerdo cómo era jugar y cazar a los gusanos, recuerdo cómo era refugiarme de la lluvia, qué curioso que la lluvia salga de esa nube ¿no? A veces pienso, avecita, que la naturaleza quiere que huya y pienso en mis alas, en cada pluma que caía desde lo alto. Sé que otros creen muchas cosas sobre mis plumas. Se sorprenderían al saber que es solo el azar. Pero a veces, avecita, hay que aferrarse a algo y yo me aferro a mi nube.

 

Mi corazón siempre se acuerda de esa nube y que después de volar yo debería descansar ahí. Pero la verdad, es que muy pocas veces pienso en descansar, te diré, avecita. Creo firmemente en que debo recoger las ramas exactas durante la luz para que mi nido, que ve directamente hacia esa nube sea lo suficientemente fuerte. Yo no descanso y dudo que descanse hasta tener un nido fuerte que aguante al invierno. Avecita, yo siempre quise un nido que resista las lluvias, que resista a las aves mayores y que resista al mundo porque como sabrás y por si no ha quedado claro ya, la nube es el destino.

 

Llegué a pensar en esa nube en cada gusano que se atravesaba en mi camino. En absolutamente todas mis misiones la nube ha estado presente. Creo que es difícil entender, para ti avecita, todo lo que esa nube significa para mi. Está tan cerca de mi nido, exactamente a tres minutos ave y creo que podría ir en cualquier momento, pero no. Si no lo has comprendido ya, para tocar esa nube, primero debo tener todo listo. Mi nido debe tener todas las orugas disponibles del área, debe tener varios huesos de nuez llenecitos de agua para cuando por fin deje de aletear. Cuando por fin llegue ese día, y aunque no lo creas, yo dejaré de aletear. ¿Qué es un ave sin sus plumas? Espero llegar a ese momento con las plumas suficientes para abrazar con todas mis fuerzas a esa nube, espero que me puedas ver, espero que puedas escuchar mi canto de certeza, de saber que estoy donde quiero estar.

 

Pienso en la nube como mi descanso, y yo me quedaré en esa nube, avecita. Lograré eso que nadie piensa que se puede hacer. Y ahí estaré. Yo tendré esa mirada brillante a lo lejos, y espero que comprendas que el aleteo constante nos llevará siempre hacia donde queremos, pero más hacia donde el viento quiera, y el viento nos quiere cerca de nuestras nubes, avecita.

 

María Fernanda Morón

Mayo 2022

Mariana Hernández

Lima (1987)

 

Es una ceramista e ilustradora, con estudios de arte y egresada en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Mariana, realiza pequeñas producciones de cerámica utilitaria, todas hechas completamente a mano. Tanto las técnicas de construcción como el pintado a pincel, dotan a las piezas de diversas variaciones que las convierten en piezas únicas. Las aves, el fuego, las hojas, los perros y las casas se han convertido en patrones muy presentes en sus piezas. Los cuales, los combina de forma lúdica, para que generen diferentes sentidos a su obra. 

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