PIERO
QUIJANO

LÍNEA MIENTO 

“Son fantasmas semióticos, trozos de imaginería cultural profunda que se han desprendido y adquirido vida propia…”

William Gibson

El continuo de Gernsback

 

 

Quisiera evitar construir una historia respecto de estos bocetos. En especial porque pienso que cuando Quijano dibuja no describe los objetos desde fuera sino todo lo contrario. Los objetos y los personajes de estos bocetos se abren paso desde algún adentro que no puedo, sino, suponer existe. Quiero decir, los volúmenes de los bocetos se me aparecen como autónomos al dibujo que los traza.

 

Es cierto que están ahí el universo de la música; mucha y variada música, casi que podría decir: toda la música; cierta arquitectura de un siglo XX brumoso y los vehículos que le corresponden. Pero insisto, lo que sucede aquí no es una forma de leer y describir la realidad. Es más bien una forma de imaginarla y apropiársela. Lo mismo que abre la posibilidad de imaginarla y recomponerla a gusto.

 

Tal vez es por eso que Quijano ha decidido con astucia titular a la serie ‘Línea Miento’, porque sus líneas imaginan y mejoran las memorias de un cierto inconsciente colectivo. En el sentido de que su interés por las formas es independiente de que estas sean evidencia de una época o un estilo. Creo que hay algo puramente interesado en pensar el pasado de otros futuros posibles. Como si las formas dictaran posibilidades que se han quedado perdidas en el tiempo, pero ese tiempo persiste como pura potencia.  

 

Quisiera detenerme entonces, en tan solo tres de los nueve bocetos que componen esta selección. El primero que me parece demuestra esta tesis de la forma como posibilidad de futuro es el del carro chocón. Un objeto que alude a una forma de los autos clásicos de los años cincuenta en una versión que podríamos llamar sintetizada o atomizada. Es interesante pensarlo así: las formas del auto clásico sobreviven en un auto que no es ni siquiera un auto. La forma insiste de un objeto persiste desde un objeto en el cual solo permanecen trazas, memorias fragmentarias.

 

El segundo es el piano y su fantasmal pianista, que se inclina con inusitada fuerza sobre las teclas. El trazar y volver a trazar las líneas que componen el interior del piano, suponerlo, intuirlo en todos sus detalles constructivos parece una tarea de obsesión. Así, no es tanto el personaje el que domina al instrumento, sino al revés. Nuevamente, nuestra relación con los objetos y su historia, es evidencia de aquello que interesa a Quijano: el diseño como vehículo de la historia humana.

 

Finalmente, pensemos en el edificio coronado por un zapato de taco de tintes tropicales. Un edificio que parece un homenaje a Carmen Miranda. En este boceto, las líneas que guían la mirada hacia el zapato parecen venírsenos encima. Nuevamente, los detalles constructivos del edificio son de especial interés para poner en evidencia una mirada sobre objetos que, en sí mismos, condensan sentidos que atraviesan el tiempo.

 

El presente de estos dibujos está cargado de pasado. Las líneas que se entrecruzan, que describen curvas y volúmenes hablan de un futuro posible que, como los fantasmas semióticos del cuento de Gibson, siguen insistiendo. Siempre y cuando tornemos la mirada hacia ellos.

Andrés Hare

Abril 2022

Piero Quijano (Lima, 1959)

Pintor y dibujante con numerosas exposiciones individuales y colectivas. Al mismo tiempo ha trabajado ilustrando en diversos medios de prensa. Estudió dibujo con la escultora Cristina Gálvez, en 1981, y cursos de pintura en Bellas Artes y con Leslie Lee. En Rio de Janeiro estudió pintura y dibujo en la Escola de Artes Visuais do Parque Laje. De regreso al Perú, estudió Historia del Arte en la Escuela Académico Profesional de Arte de la Facultad de Humanidades de San Marcos. En su trabajo ha explorado el paisaje urbano, los músicos y la belleza no occidental en la juventud popular.